12/05/2013 Jerzy Junosza Kowalewski
He pensado mucho sobre la gente importante que se me ha cruzado por el camino. Cuando digo importante quiero decir famosos o conocidos por su profesión. Con algunos tan sólo fue un encuentro de segundos, con otros de cafés o cervezas y con otros ha pasado a ser una amistad que va más allá de la distancia y de los años. Sin menospreciar a ninguno, creo que el encuentro del domingo fue algo que guardaré con una ternura en lo que yo llamo “mi libro”.
Un almuerzo con grandes amigos cuando de repente se nos acerca un abuelo. Calculo por su edad que ronda los 80 pero su espíritu y la pasión por la que habla de la vida me hacen dudar. Al acercarse me llama poderosamente la atención sus condecoraciones. Esta miopía y el maldito vicio de no querer ponerme las gafas me hacen dudar de qué pueden ser. No tardo en saberlo: Auschiwtz. Tengo ante mis ojos a uno de los supervivientes del Holocausto. Jerzy Junosza Kowalewski o Jorge, como él mismo se llama, estuvo en Auschiwtz, Birkenau y un tercer campo que debido a mi desconocimiento, no me suena pero que más adelante os hablo de él. No pierde la sonrisa en ningún momento.
Quiero hacer miles de preguntas. Me inquieta la idea de tener delante a un Libro abierto y muy interesante y no poder seguir leyendo. Quiero preguntarle sobre todo lo que he leído pero al encontrarme con gente de visita mis ganas se evaporan. Me limito a preguntarle sobre el tema que más me inquita y me “apasiona”. ¿Su respuesta? “Sí, desgraciadamente sí le conocí. Fue él quien me provocó una enfermedad”. Hablamos de Megele. Rapidamente se me acerca su hijo quien me comenta que como consecuencia él sufre algunas discapacidades. No puedo dar crédito a lo que estoy viviendo. Pienso en mi padre y en lo mucho que disfrutaríamos juntos de un café con este hombre entre charlas y recuerdos.
La historia de Jerzy por lo que he leído es la siguiente, aviso que lo he leído en inglés, italiano y polaco y puede que alguna de las informaciones no sean del todo ciertas o erróneas. Desde aquí pido perdón a Jerzy si leyera esto y vaya por delante mis palabras de agradecimiento y admiración.
En 1939 el joven Jerzy Junosza regresa a Varsovia desde Suiza, donde había estudiado y se había graduado. Se encontró con la casa vacía debido a que el padre y la madre se había alistado en el ejército polaco y el Ejército Rojo, a raíz de la invasión de la parte occidental de Polonia por las tropas nazis, había tomado posesión de la parte occidental de Belarús previamente pasó por encima de Polonia. Como resultado de esta invasión, alrededor de un millón y medio de polacos fueron deportados a los campos de trabajo en Siberia y Kazajstán. Aproximadamente veinte mil oficiales y suboficiales del ejército polaco fueron capturados y encarcelados en campos de concentración Kozielsk, Starobielsk Ostaszkòw y luego, en 1940, siendo salvajemente asesinados en el bosque de Katyn, por orden de Stalin. Tomado prisionero por los rusos, Jerzy Junosza rocambolescamente logró escapar junto con tres compañeros y volver a Varsovia, donde se reunió con sus viejos amigos. Luego participó en el movimiento de resistencia contra los ocupantes nazis en uno de los departamentos más famosos, el de mayor Henryk Dobrzanski, conocido con el seudónimo de "Hubal".
Posteriormente, fue arrestado por los alemanes y encarcelado en la prisión de Pawiak (espero poder subir algún post), donde fue torturado durante los interrogatorios. Allí conoció al padre Maximiliano Kolbe, quien lo asistió durante su estancia en el hospital de la prisión. En 1942 fue trasladado a Auschwitz, donde fue nuevamente trasladado primero al campo de concentración de Gross-Rosen y luego a Dachau, cerca de Mónaco de Baviera . Kowalewski pasó muchas semanas en un hospital militar de EE.UU., y una vez recuperado, se unió al Cuerpo de Polonia y llegó a Italia. Desde Italia se trasladó a Londres y de allí a Argentina, donde trabajó durante 7 meses en el Ministerio de Asuntos Sociales, hasta que recibió la comunicación de la Cruz Roja Internacional que su amada madre estaba viva. Tomó el primer barco con destino a Polonia que lo trajo de vuelta a su tierra natal.
Sus condiciones de vida en Polonia resultaron ser muy difíciles. Realizó varios trabajos, antes de ser contratado en una agencia de viajes. Se casó en 1972, y más tarde tuvo un hijo, golpeado por la enfermedad desde su nacimiento debido a experimentos médicos llevados a cabo por las SS en el padre. Desde entonces, Jerzy ha trabajado como defensor de los niños que nacen con una discapacidad atribuible a la detención de sus padres en los campos nazis.
Jorge también colaboró aportando información, datos y pruebas de Primo Levi participado en la redacción del libro "Si esto es un hombre", la novela autobiográfica que representa la gran testimonio de lo que se vivió de primera mano por el autor en el campo de concentración de Auschwitz.
La historia de este hombre podía terminar así, con la confirmación de la trágica banalidad del mal, un mal que se esconde en el alma de los hombres desviados y los hace capaces de atrocidades indecibles.
Me estaba despidiendo y agradeciendo, cuando me entraron ganas de abrazarlo.
Nunca me he sentido una emoción tan extraña en toda mi vida. Ver los ojos de Jorge es algo que no podré olvidar. Los ojos de Jorge son de un azul como el cielo, como lo infinito… son difíciles de explicar. Tienen una mirada especial. Su mirada reflejaba una mezcla de alegría ante un grupo de chavales españoles que le escuchan con los oídos abiertos de par en par y de nostalgia y dolor. Incluso cuando habla de los campos, no pierde la expresión alegre. Está sereno. Repite con orgullo que trabajó con Evita Perón y en su discurso mezcla palabras en italiano . Saca de su chaqueta unas tarjetas de visita. Ojalá no se ofenda si algún día decido echarle valentía, descolgar el teléfono e invitarle a un café. Con su acento argentino nos recita algunos tangos de Carlos Gardel. Jorge, te lo dedico. Con cariño, Lauris
Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé,
en el quinientos seis y en el dos mil también;
que siempre ha habido chorros,
maquiávelos y estafáos,
contentos y amargaos, valores y dublé.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente ya no hay quien lo niegue,
vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo todos manoseaos.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador.
¡Todo es igual, nada es mejor,
lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao...
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!
Mezclaos con Stavisky van don Bosco y la Mignon,
don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia contra un bandoneon.
Siglo veinte, cambalache, problemático y febril,
el que no llora no mama y el que no roba es un gil.
¡Dale nomás, dale que va,
que allá en el horno te vamo a encontrar!
¡No pienses más, tirate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao!
Si es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
que el que vive de las minas,
que el que mata o el que cura
o está fuera de la ley.


No hay comentarios:
Publicar un comentario