Mañana día 5. Ya los árboles sabrían mi intención de mucho antes, batían sin viento su "estate tranquila". No sabrás de qué te hablo.
Memoricé el nombre de cada lugar visitado en estos
meses (sin importar tamaño ni tono de verde) sabiendo que no volveré pronto por
aquí, y maldije mi nombre por haberte querido más que a mi dentro. En el instante en que te quedas a solas, de
fondo suena Andrés Suárez, bajo la luz de una vela y una copa de vino, silencio. Creo que ninguna voz me había hecho temblar así, llorar. Creo que fue ahí, en la
última lágrima buena, donde me di cuenta de que soy un puente no más. Matas lo que amo. Asumo con sonrisa mi
condena. Paso del vino al ron en menos
de un estribillo. Debería dejar de beber. Cuanto más dura es la pena, más
cargado viene el ron.
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